La escritura egipcia, que perduró más de tres milenios, mediante jeroglíficos, representaba ideas abstractas, objetos, palabras, sílabas, letras y números. Otros pueblos, como los hititas y los aztecas también tuvieron tipos propios de escritura.

La escritura china más antigua que se conoce son 50000 inscripciones sobre conchas de tortuga que incorporan 4500 caracteres distintos, y data del 1400 a. en el yacimiento de Xiaotun, en la provincia de Henan.

Desde los orígenes, la humanidad ha tenido que hacer frente a una cuestión fundamental: la forma de preservar y transmitir su cultura, es decir, sus creencias y conocimientos, tanto en el espacio como en el tiempo.

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Dichas reglas mnemotécnicas ayudaban tanto a la memorización como a la difusión de los relatos.

Es el caso de los poemas homéricos, que han merecido valiosos estudios sobre el particular.

Pero los primeros libros reconocibles de China corresponden al siglo VI a.

C., los jiance o jiandu, rollos de finas tiras de bambú o madera grabados con tinta indeleble y atados con cordel.

Posiblemente, gran parte de las tradiciones y leyendas han tenido semejante inicio.

Esta transmisión oral tenía el inconveniente de los «ruidos» que deformaban el mensaje.

La mayoría de las veces era el narrador (rapsoda, aeda, juglar) quien en función de sus intereses la deformaba de una u otra forma.

Cuando los sistemas de escritura fueron inventados en las antiguas civilizaciones, el hombre utilizó diversos soportes de escritura: tablillas de arcilla, ostracon, placas de hueso o marfil, tablas de madera, papiros, tablillas enceradas, planchas de plomo, pieles curtidas, etc.

C., en el Antiguo Egipto, con jeroglíficos, y la antigua Mesopotamia, mediante signos cuneiformes (escritura cuneiforme; utilizaban una varilla con sección triangular, que al hendir en placas de arcilla, dejaba una marca en forma de cuña).