La palabra hablada es la manera más antigua de contar historias.

Mediante fórmulas de valor mnemotécnico​ se estructuraban narraciones, que pasaban de generación en generación como valiosa herencia cultural de los más diversos grupos humanos.

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Posiblemente, gran parte de las tradiciones y leyendas han tenido semejante inicio.

Esta transmisión oral tenía el inconveniente de los «ruidos» que deformaban el mensaje.

Un libro (del latín liber, libri) es una obra impresa, manuscrita o pintada en una serie de hojas de papel, pergamino, vitela u otro material, unidas por un lado (es decir, encuadernadas) y protegidas con tapas, también llamadas cubiertas. Según la definición de la Unesco,​ un libro debe poseer 25 hojas mínimo, pues de 24 hojas sería un folleto y de una hasta cuatro páginas se consideran hojas sueltas (en una o dos hojas).

También se llama "libro" a una obra de gran extensión publicada en varias unidades independientes, llamados "tomos" o "volúmenes".

Pero el papel tardó cientos de años en reemplazar al bambú y la seda, fue hasta finales del siglo II d. que la corte imperial lo usó en cantidades importantes.

Esta innovación no se propagó fuera de China hasta el 610 d. aproximadamente, y alcanzó Europa a través de España hasta el siglo XII.

En el período de los reinos combatientes (475-221 a.

C.) La seda se usó mucho como soporte para escribir.

C., en el Antiguo Egipto, con jeroglíficos, y la antigua Mesopotamia, mediante signos cuneiformes (escritura cuneiforme; utilizaban una varilla con sección triangular, que al hendir en placas de arcilla, dejaba una marca en forma de cuña).

La usaron los sumerios, acadios, asirios, hititas, persas, babilonios etc.

La escritura egipcia, que perduró más de tres milenios, mediante jeroglíficos, representaba ideas abstractas, objetos, palabras, sílabas, letras y números. Otros pueblos, como los hititas y los aztecas también tuvieron tipos propios de escritura.